¿Actitud u Obediencia?
- 11 mar
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Actitud u Obediencia – Mateo 21:28-32
En este pasaje, Jesús comparte una parábola que nos invita a reflexionar sobre la importancia de nuestras decisiones y la sinceridad de nuestro corazón. La historia presenta a dos hijos: uno que inicialmente se negó a obedecer a su padre, pero luego reflexionó y fue a trabajar; y otro que dijo que iría, pero finalmente no lo hizo. A través de esta enseñanza, Jesús nos recuerda que lo más importante no son solo nuestras palabras, sino nuestras acciones.
Muchas veces podemos decir que queremos hacer la voluntad de Dios, pero nuestras decisiones diarias muestran lo contrario. La obediencia verdadera no se limita a lo que decimos, sino que se refleja en lo que hacemos. Al mismo tiempo, Dios también mira nuestro corazón y nuestra actitud. Él desea que aprendamos a obedecerle con humildad, con disposición y con un deseo sincero de agradarle.
Este pasaje también nos anima a recordar que siempre hay oportunidad para cambiar. Así como el primer hijo reconsideró su decisión y terminó obedeciendo, nosotros también podemos reflexionar, arrepentirnos y decidir hacer lo correcto. Dios valora un corazón que reconoce sus errores y busca vivir conforme a Su voluntad.
Tomemos este tiempo en familia para reflexionar sobre la importancia de unir actitud y obediencia en nuestra vida diaria, procurando que nuestras palabras y nuestras acciones estén alineadas con lo que Dios espera de nosotros.
Puntos para analizar y meditar en familia:
¿Quién tuvo mejor actitud y quién fue verdaderamente obediente?Reflexionar sobre la diferencia entre lo que decimos y lo que finalmente hacemos.
¿Qué ven los demás en nosotros cuando tenemos una mala actitud?Conversar sobre cómo nuestras actitudes pueden influir en nuestra familia y en quienes nos rodean.
¿Cómo nos ve Dios cuando obedecemos, pero con mala actitud?Pensar en la importancia de tener un corazón dispuesto y sincero al hacer lo correcto.
Unir actitud y obediencia.Dialogar sobre maneras prácticas de trabajar en ambas áreas en la vida diaria: en el hogar, en la iglesia y en nuestras responsabilidades.
Que esta reflexión nos ayude a crecer como familia, aprendiendo a obedecer a Dios no solo con nuestras palabras, sino también con nuestras acciones y con una actitud que refleje amor, humildad y compromiso con Su voluntad.




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